Su poesía amorosa tiene la alta expresión de las obras de Bécquer y Neruda

Pedro Salinas: La voz olvidada
Delfina Acosta

Pedro Salinas (1892-1951) forma parte de la generación de los poetas Federico García Lorca, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados. El tema reiterado de su poesía es el amor; el amor puro, vivificante y redentor, principio y fin, por naturaleza, del hombre.

Sus versos, inspirados y musicales (escribía usando, generalmente, los octosílabos y los heptasílabos) recorren la materia sentimental hallando formas de expresión precisas y elementales.


El gran desconocido

Pedro Salinas, a pesar de la calidad de sus libros, no es muy conocido. Fue un militante permanente de la palabra, pero son pocos sus lectores y seguidores. Gran interrogante. ¿Por qué, este poeta nacido en Sevilla, que recoge en su poesía la armonía del ser enamorado, no es citado con frecuencia por los críticos y los estudiosos, mientras sus contemporáneos son, a menudo, referencia de ensayos sobre la gran poesía española? Intentar dar una razón a tan injusto olvido que pesa sobre la figura de Pedro Salinas, requiere un trabajo exhaustivo y puntilloso, en el cual solamente pueden tener la palabra los críticos y los grandes lectores.

Las vacilaciones, el ímpetu, los celos, la ansiedad, la calma, el sentimiento de posesión, las encrucijadas del alma, todo cuanto da vida al amor, son tratados con realismo por el poeta sevillano. Cada verso suyo va al fondo de la relación idílica, transita con exactitud por la delicadeza del sentimiento embelesado, y pone en evidencia de que nada es desperdicio cuando de escribir sobre el amor se trata.

La mujer amada lo embelesa, lo eleva de este confinamiento obligado que es la Tierra, lo purifica y le hace ver distintas vidas en su propia persona. Esa virtud de su pluma lo afirma como un vate de caudal inagotable. Si mucha es su búsqueda, grandes son sus hallazgos. Su producción poética es importante e incluye los siguientes libros: Presagios (1923), Seguro azar (1929), Fábula y signo (1931), La voz a ti debida (1933), Razón de amor (1936), Error de cálculo (1938), El contemplado (1946) y Todo más claro (1949). Además su prosa refuerza sus dotes intelectuales: Vísperas del gozo, El desnudo impecable, Crítica de literatura española, Traducción de Marcel Proust, Traducción al castellano actual del poema del Mío Cid.

Un poema suyo

Si te quiero
no es porque te lo digo:
es porque me lo digo y me lo dicen.

El decírtelo a ti ¡qué poco importa
a esa pura verdad que es en su fondo
quererte! Me lo digo,
y es como un despertar de un no decirlo,
como un nacer desnudo,
el decirlo yo solo, sin designio
de que lo sepa nadie, tú siquiera.

Me lo dicen
el cielo y los papeles tan en blanco,
las músicas casuales que se encuentran
al abrir los secretos de la noche.

Si me miro en espejos
no es mi faz lo que veo, es un querer.

El mundo
según lo voy atravesando
que te quiero me dice,
a gritos o en susurros.

Y algunas veces te lo digo a ti
pero nunca sabrás que ese “te quiero”
sólo signo es, final, y prenda mínima;
ola, mensaje -roto al cabo,
en son, en blanca espuma-
del gran querer callado, mar total.

Ultimas producciones

Después de la aparición de la gran poesía española correspondiente al siglo de oro, la generación del 27 hace su digna entrada en las letras de España. ¿Qué viene luego? Nada o casi nada. Jorge Guillén alaba el ingenio y el perfeccionismo de Pedro Salinas. Luis Cernuda es su más áspero crítico. Las últimas producciones de Salinas conforman una visión casi pesimista del mundo. No deja de escribir sobre el amor, sin embargo.

Finalmente, puede decirse que este gran poeta sevillano, con su obra “La voz a ti debida”, junto con Pablo Neruda y su libro “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, y Gustavo Adolfo Bécquer, representa a la más alta expresión amorosa de nuestro idioma en los últimos tiempos.

Despierta. El día te llama
a tu vida: tu deber.

Y nada más que a vivir.

Arráncale ya a la noche
negadora y a la sombra
que lo celaba ese cuerpo
por quien aguarda la luz
de puntillas, en el alba.

Ponte en pie, afirma la recta
voluntad simple de ser
pura virgen vertical.

Tómale el temple a tu cuerpo.

¿Frío, calor? Lo dirá
tu sangre contra la nieve,
de detrás de la ventana;
lo dirá el color en tus mejillas.

Y mira al mundo. Y descansa
sin más hacer que añadir
tu perfección a otro día.

(Fragmento de un poema suyo
inserto en el libro “La voz a ti debida”).

Delfina Acosta
ABC COLOR, Asunción, Paraguay, Domingo 01 de Febrero de 2004

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