Evolución

Delfina Acosta

Curioso ser de traje claro oscuro: 
levantas rascacielos y planeas 
tender un puente desde cierto límite 
de luces hasta alguno de penumbras; 
ajustas entretanto la aritmética 
de incomprensible yeso sobre mármol 
que el mundo en una plaza va a aplaudir 
a la señal unísona de flashes, 
y apuras tus almuerzos enlatados 
con píldoras de flúor y titanio 
amando bajo agenda rigurosa. 
(Tus hijos se postergan en el fresco.) 
Ahora intentas evadir la saña 
de la creciente selva de cemento, 
huyendo los domingos al zoológico.  
No olvides dar rosetas a los monos.

Delfina Acosta
Del libro Todas las voces, mujer...

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