Carta a mi hermano
Delfina Acosta

He leído Cartas a mi hermano del creador de la narrativa moderna en el Paraguay. El libro lleva el sello editorial de Intercontinental Editora. El escritor que hojee Cartas a mi hermano entenderá sin mayores problemas el laberíntico mundo espiritual de Gabriel Casaccia, pues en cada misiva suya se manifiesta en toda su potestad la influencia de la escritura sobre el ánimo del literato. En una de sus tantas epístolas, le dice Gabriel a su hermano que quien no sufre no sabe lo que es la vida.

Un nivel intelectual de primera línea salta -rápidamente- a la vista. El intelecto de Casaccia, presto para captar los movimientos mentales que se dan en las más ínfimas criaturas humanas como en los escritores de enorme talla (Fedor Dostoievski era su favorito), nos da fe de que supo entender al hombre y al mundo, en su estado de ignorancia, de mediocridad y de intento continuo de superación y libertad.

En las cartas que le escribía a su hermano (casi todas largas), habla de su sufrimiento, de un sufrimiento que no llega a desentrañar, ciertamente, pero que cree necesario para moldear su espíritu. Entre otras cosas le recomienda a César Alberto que no se aferre tanto a la prosa de Miró y le da atinadas observaciones de carácter literario.

Por supuesto, la nostalgia sentida por Areguá está presente en sus escritos.

Una mención aparte merece su tristeza, su honda pena por el fin trágico del cura párroco del pueblo, el padre Olaizola. Piensa Casaccia que con su desaparición física se desmantela su obra literaria. Pregunta a su hermano cómo están las cosas por Areguá. Le cuenta que en su Buenos Aires, donde la humedad es fulminante, donde la prisa es denominador común, siente que está bien instalado para escribir. Intercambian libros, y Gabriel, con un sentido avanzado de la literatura, le comenta, le habla sobre los aciertos y desaciertos de los escritores.

Un fragmento de su carta

Querido hermano:
Cada vez que voy allí, a mi vuelta, traigo deseos de volver y unas “saudades” que me persiguen semanas enteras. Antes, cuando soltero, la soledad que sentía a mi alrededor, a la vuelta de mis viajes, volvíase aún más ancha, y la nostalgia no me dejaba en paz. Pero ahora felizmente la compañía de Carmen Dora atempera mi tristeza. ¿Es el recuerdo de la familia, de los paisajes queridos, lo que me pone en ese estado? Tal vez un poco de todo eso confundido y entremezclado. Al mes, o a los dos meses, esa nostalgia va cediendo, así como uno va olvidando cada vez más la muerte de un ser querido a medida que transcurre el tiempo. Ese todo lo vuelve borroso y lejano y llega un momento en que me sería fácil acostumbrarme al pensamiento de que no volveré a poner los pies en mi tierra.

Mario Pareda

La novela Mario Pareda, que lleva el sello editorial de Criterio Ediciones, se encuentra en circulación. Apareció en 1930. Su autor, el novelista Gabriel Casaccia, nos entrega los ascensos y las caídas anímicas de un hombre solitario, que busca el amor, con poca fortuna. Pareda es el ser humano de nuestros tiempos. Y también, valga la redundancia, es el hombre melancólico de todos los tiempos.

Él carga con el agobio de existir en un mundo que se manifiesta plano, pues la incomprensión humana toma las características de un páramo.

Su guía, su confidente es el cura párroco Benítez.

El sufrimiento de ser, de existir, de no poder abarcarse a sí mismo y saber qué es lo que pretende en este mundo es una constante en el protagonista de esta novela de Casaccia.

El ritmo de vida de Mario Pareda es estático. No importa adónde vaya, los pensamientos, la inquietud, la angustia existencial lo persiguen, languideciéndolo.

Yo encuentro (es solamente una opinión mía) muy parecidas las almas del protagonista y del autor de la novela.

Marcharse de un sitio, en este caso San Bernardino (lugar donde transcurre la novela), es un movimiento literario más. No hay final. Imaginamos a Pareda llegando a algún pueblo determinado, quizás una ciudad, sin poder llegar, finalmente. ¿Por qué? Porque los desplazamientos físicos son puros sueños, desesperados intentos de cambiar una existencia por otra más llevadera, dentro de un contexto de desaciertos. El espíritu atormentado va y viene, todos los días, todas las noches, todas las semanas, todos los meses, todos los años, por los oscuros pasillos de la mente y del alma.

BREVE RESEÑA: Cuentista, novelista, dramaturgo y periodista. Considerado el fundador de la narrativa paraguaya contemporánea. Casaccia vivió la mayor parte de su vida en la Argentina, donde también escribió y publicó casi todas sus obras y donde falleció en noviembre de 1980.

 

Delfina Acosta
ABC COLOR, Asunción, Paraguay, Domingo 1 de julio de 2007

ABC COLOR

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