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Alfonsina Storni gana en fama |
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La escritora Alfonsina Storni, de quien se sabe (más que nada) que un día decidió quitarse la vida en el mar, publicó su primer poemario La inquietud del rosal, en 1916. Desde esa fecha pasaron ya noventa años. El librito, que apareció llevando consigo todo el fuego y además el desasosiego de una mujer -básicamente-, literaria (y entonces debe ya comprenderse que se habla de una persona de sentimientos inestables), no tenía, por cierto, mayor relevancia. La misma autora lo admite, y no admite (posteriormente) la inclusión de La inquietud del rosal en su antología poética. Alfonsina lo perdona diciendo que escribió el poemario para no morirse. ¿De pena? ¿De frustración? ¿De soledad? Pero
la poetisa persevera. Y así van saliendo a
la luz varios poemarios más, que la
convierten en una respetada mujer de letras.
Ella habría de ser después, cuando la
celebridad la alcance, junto con la uruguaya
Juana de Ibarbourou y la gran escritora
chilena Gabriela Mistral, la figura del
Parnaso. |
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Tuvo
una infancia marcada por las penurias económicas.
Su padre, neurasténico, era alcohólico y
llevaba una existencia bastante errática.
Para poder salir de la pobreza, a los veinte
años y próxima a ser madre, llega a Buenos
Aires, donde nace su hijo Alejandro, el 21
de abril de 1912. ¿Qué le depara la gran
ciudad? Pues el deambular, lo imprevisible,
el rebusque. Va de aquí para allá en busca
de un empleo. Cierto acomodo económico
llega su vida cuando cubre el raro cargo de
"corresponsal psicológica" de la
casa Freixas Hnos. Pero lo suyo es escribir,
desde luego. Antes que nada escribir. |
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Voy a dormir Dientes
de flores, cofia de rocío, |
Delfina
Acosta
ABC COLOR, Asunción, Paraguay, Domingo 13 de Agosto de 2006
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